Ojos y niños

 

Juan Miguel Villegas

 


Había una vez una niña que tenía unos ojos que en realidad eran plantas carnívoras. Pero no plantas carnívoras de ésas que comen moscas y alimañas atontadas, sino de las que comen pedacitos de gente distraída. Sus ojos eran tan, pero tan-tan, que a veces algún hombre pasaba arreglándose el nudo de la corbata y sentía que algo lo miraba desde alguna parte, y cuando giraba su cabeza veía los ojos de la niña y todo el cuerpo comenzaba a picarle, tanto que, sin saber por qué, apretaba el nudo de su corbata y la presión le molestaba tanto que debía sacar la lengua, y los ojos de la niña daban un parpadeo veloz y ¡zuáquete!, se le robaban de un tirón ese músculo rosa y húmedo, y la niña ni se daba cuenta. Otras veces sucedía que sus ojos se quedaban despiertos cuando dormía. Y al despertar encontraba bocas y ombligos de niño a su lado, recostados en la almohada. A veces les preguntaba a sus ojos de dónde habían sacado esos pedazos de niño. Pero ellos sólo parpadeaban y se quedaban mirándola. Cuando la niña se ponía pestañina y sus ojos se convertían en plantas carnívoras más letales, se asustaba al toparse con niños sin labios, ombligo o alguno de sus dedos. Se quedaban mirándola lelos, como si reconocieran sus ojos carnívoros y no supieran si sentir pavor o pedirle que se les llevara otro pedacito de cuerpo. “Les ha fascinado mi mirada”, pensaba la niña para quedarse tranquila, y seguía su camino, sin notar que a su paso un montón de personas se iban quedando sin boca, sin porciones de oreja, sin aire… golosos que eran los ojos de la niña, que no eran ojos sino plantas carnívoras.

Juan Miguel Villegas (Colombia)
Periodista, ganó el premio de cuento breve que patrocinó El malpensante. Tiene una hija que se llama Violeta.


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